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viernes, 14 de noviembre de 2014

Reflexiones de un Aikidoka ( 1 ) ;LAS EDADES DEL PRACTICANTE , sentir el cambio: "crear su/ tu Aikido"

El Aikido se nos manifiesta como un conglomerado de técnicas, compuestas en su mayoría por palancas, luxaciones, ataques a puntos vitales, sumisiones y un complejo sistema de desplazamientos, que tienen por fin sumarse a la energía violenta de un agresor para resolver con el uso de esa fuerza en su propia contra, siempre con la máxima presente de no dañar, no destruír.
Además, nos aleja de sistemas deportivos de competición, y por consiguiente de toda la parafernalia relacionada con premios, trofeos, torneos, etc.
El Aikido también,  nos aporta un conocimiento de las armas tradicionales, concretamente, tanto, (daga o cuchillo en madera,  ) bokken ( símil de la espada samurai "la katana" en versión de madera ) y del jo, ( bastón de aproximadamente 1.28cm también de madera ), siendo de gran utilidad en el desarrollo del AIKIDO, estableciendo grandes paralelismos con el trabajo de mano vacía.
Al margen, pero dentro del mismo paquete, existe el enorme legado cultural del AIKIDO, que pese a su modernidad como arte marcial, recoge lo mejor de las tradiciones relativas a respeto, cortesía, disciplina y coherencia.
El Aikido asimismo, permite, como no lo hace otra disciplina, un grado de adaptación magnífico, con sorprendentes resultados relativos a la adaptación ( personalización )  hacia la persona, tenga esta la complexión física, sexo y edad que sea, es del todo indiferente y el Aikido los abraza a todos ellos facilitándoles a cada uno herramientas de utilidad.


Hasta aquí, nada nuevo, todos más o menos han podido ver sentir  y comprobar estos conceptos durante una clase de AIKIDO.
La propuesta que trato de exponer o lanzar en este caso, viene predeterminada por la necesidad de la práctica aun determinado nivel  y no por la práctica en sí misma. Quizás este sea un texto orientado a aquellos que tienen que ver con la transmisión de arte más directamente.

Puede resultar tedioso por complejo, tratar de definir los diferentes estados de la práctica, ya que esto es como una preconcepción ante la libertad sensorial y la asimilación de cada uno, y por lo tanto, no voy a moverme en esa dirección ( sencillamente por imposible ). Por el contrario, sí puedo tratar de exponer desde mi experiencia en el trato con las personas y su práctica, mi propio punto de vista.

creo que existe un primer paso, lo he titulado así: Primer paso: "HAGO AIKIDO"
Da igual cuál es la circunstancia personal de cada uno, la cuestión es que por una promoción comercial local o por invitación de un amigo, por haber visto muchas películas de Seagal, o por buscar un complemento marcial, ( da igual, sea cual sea el motivo ) has acabado apuntándote a clases de Aikido. Es el momento en el que dices "HAGO AIKIDO".
Así como sea el carácter de cada persona, así es su práctica. Voy a centrarme en los casos más comunes.

Los hay que cuestionan, miran por encima y juzgan. Son personas que vienen de entornos diferentes, donde han permanecido en su área de confort demasiado tiempo.
 Abrirse al cambio ( más que a la novedad )  les resulta tarea casi imposible, "les resulta difícil hacer bajar sus cejas o dejar de chasquear sus lenguas "cada vez que algo no se hace como ellos creían o saben. Esa reestructuración es desde luego, una sacudida al ego.

También los hay que han llegado al Aikido sin saber muy bien qué era o cómo era esto y siguen en las clases con una actitud pasiva, sencillamente tratan de seguir o que se les muestra. En muchas ocasiones, aterrizan en el Aikido por una serie de conflictos personales, que abarcan desde la necesidad de lograr la capacidad de autodefensa hasta una serie de reestructuraciones internas que pasan por estimular el contacto social y potenciar la autoestima

Y luego quizás, vienen los entusiastas del arte del Aikido. Algunos, vienen con camino recorrido,( y muchos de ellos inflexibles, como los del primer grupo que exponía anteriormente, y  otros van locos por descubrir el camino y dar sus primeros pasos.


Sea cual sea la manera en la que acabas llegando al Aikido quizás no sea lo más "interesante", si no más bien, lo "verdaderamente interesante" será lo que ocurra a partir de ahí.

Muchas personas se quedan en la fase del "HAGO AIKIDO". Son personas que lo prueban unas semanas, unos meses y lo dejan. Ya no hablo de los que "hacen turismo", que son todos aquellos y aquellas que se apuntan a todo si es gratis, si está cerca, y si les va bien, si no de aquellos que sí tuvieron una intención pero que han acabado dejándolo.

Bien porque sus egos les impiden continuar con un terreno tan desconocido, donde pierden seguridad, y "deben bajarse de su trono" o bien  ( sin mediar egos ) por desencanto sincero  ( no descuidemos que como instructores, monitores, "shidoines, fukushidoines, sempais, senseis o shihanes", tenemos un papel importantísimo en alentar, animar, motivar, descubrir, y transmitir seguridad, tranquilidad, confianza y  paralelamente tratar de hacer crecer el deseo de aprender ) porque su "transmisor" no logra hacerles llegar el mensaje o porque no logra mitigar el miedo de esa persona a lesionarse.

Sean cuales sean las circunstancias, muchas de esas personas se quedarán en el "HICE AIKIDO", y cada uno lo adornará con toda clase de adjetivos según sus sensaciones o su ego.

Creo que tras haber pasado por estas fases ( y no trato de enumerarlas científicamente, si no más bien de pasada, de un modo informal ), el practicante, llega a un momento en el que tarde o temprano se dice así mismo. "ESTO ES DIFÍCIL". Esto significa que por lo menos, esta persona está acudiendo a las clases, está tratando de evolucionar, repetir, asimilar cada concepto y / o técnica, y que de un modo u otro esto les permite ver la complejidad del Arte. Para algunos este es el momento en el que aparecen los primeros muros, especialmente, si el dojo en el que ellos practican, cuenta con sempais, ya que por la naturaleza humana, en ocasiones nosotros mismos nos ponemos enormes muros que tan solo enmascaran los verdaderos motivos de nuestras decisiones.

Algunos dejan su relación con el Aikido aqui, especialmente como decía antes si existen sempais ( que deben ayudar, colaborar, entusiasmar, motivar al kohai tanto como el sensei en mi opinión ) porque ven que ese camino es duro, largo, difícil, lo toman por inalcanzable y su ego, tarde o temprano acaba por hacerles dejar la práctica por acercarse a elementos más acordes "a una zona de confort propia"
Suelen ser practicantes intermitentes, que van y vienen, que entrenan aquí y allí, pero son por lo general poco constantes.

Afortunadamente algunos de ellos logran saltar esos muros y vencer nuevamente a sus egos, y prosiguen logrando no tan solo medirse, si no igualarse a sus sempais sencillamente a través de la práctica diaria.
Se establece entonces un vínculo creo que el primer vínculo real con el Arte del AIKIDO y este no es otro que el de pertenencia a un grupo a un dojo. Este sentimiento, alimenta la práctica y su deseo en sí misma.
Ya no se trata, por lo tanto, de HACER AIKIDO, si no más bien de NECESITAR HACER AIKIDO.


Nacen entonces cálidos sentimientos, uno quiere abarcar, sentir, explorar. La práctica se torna necesaria, los nombres de las técnicas y las propias técnicas empiezan a resultar familiares. Disfrutamos con nuestros compañeros en clase. Disfrutamos visitando otros dojos y practicando con otros maestros. Afortunadamente, existen una gran cantidad de medios, escuelas, maestros, dojos,  libros y videos donde explorar. Llegados a este punto, creo que aquí se da  el verdadero primer descubrimiento del Arte del Aikido que una persona experiementa.

Nuevamente, la evolución de uno mismo y bien su estancamiento, vendrán determinados por su sed de AIKIDO, y por su capacidad de adaptación y cambio, a todos los estilos, modos, maestros, donde en mi opinión, la postura más inteligente es la de hacer de esponja, y tratar de absorver todo lo posible de cada circunstancia.

Ocurre también, llegados a este punto, que muchos se aburren, o se endiosan. Tanto sempais como maestros. Nuevamente aparecen los egos que acaban determinando "precipitaciones al vacío" o nuevos muros. El primero de los casos, el de "precipitarse al vacío " lo hace por tomar ya lo que se sabe como dogma infalible de fe, y quedarse navegando en esas aguas permanentemente.

Sería, en mi opinión, perfectamente comparable con las personas que no pudieron evolucionar más allá de unas semanas o meses al incio de sus clases de Aikido y que lo dejaron.

Éstas personas han tardado más en ser dominadas por su ego, pero floreciendo inusitadamente  de ellos, su ego, se hace fuerte y las domina. Son aquellos desagradables encuentros que quizás todos hemos experimentado en cursos o seminarios, ( o incluso con compañeros )  cuando nos encontramos a "alguien" que nos corrige contínuamente, nos dice lo mal que hacemos lo que hacemos, por enumerar algunas cosas. El problema además viene determinado por cómo se dice lo que se dice, ( y esto redunda también hacia monitores, maestros, profesores mediocres ) y el porqué es porque  se hace con soberbia.

 Hay muchas maneras de corregir a alguien, pero antes quizás uno deba plantearse si está corrigiendo a la persona adecuada.
Con desapego, me refiero a que uno debe antes sentir, y después hablar.
Quizás así nos ahorremos momentos no agradables. Del mismo modo, uno tiene que estar dispuesto, siempre, a ser corregido, mantener una actitud abierta que no se aposenta en ningún principio que conduzca hacia al apoltronamiento.
Creo que los que hayan experimentado esto que trato de explicar, saben a lo que me refiero. Es curioso ver en cada curso, seminario, clase, a estas personas siempre corrigiendo a los demás, cuando ellos mismos no son capaces de modificar nada de lo que hacen. Estas personas para mi, han quedado atrapadas en la tela de araña de su propio ego, cosa que les impide dar un solo paso hacia la evolución, siendo ese, su muro imposible de saltar.

Por otro lado, encontramos también a personas que se adaptan como lo hace el agua al recipiente que la sostiene. Son personas de mentalidad práctica, rápidas en la lectura de sus sensaciones, que están contínuamente en una búsqueda. "Son aquellas personas que miran al cielo cuando su maestro apunta al cielo, y no al dedo", porque entienden lo que se les transmite. O por lo menos lo entienden en gran medida.

Son aquellas personas ( sempais en muchos casos ) que son los "traductores" o los "facilitadores" de las técnicas y/o conceptos que hace el maestro hacia los demás. Son personas repletas de empatía, y gracias a ello, en muchas ocasiones son objeto de búsqueda por parte de sus sempais y kohais.
El Aikido le debe mucho a estos "investigadores", porque en muchos casos son el objeto de la inspiración para los demás, tanto incluso más, que el propio maestro.
Los riegos evidentes vuelven a pasar por nuestro gran enemigo el ego, el cual, puede hacernos pensar que sabemos leer o entender, cualquier explicación, y que sabemos entender nuestras sensaciones perfectamente, a la vez que conectamos a la perfección con las intenciones de nuestro tori y nuestro maestro.
Creo que esta es la etapa de "mi papá es mejor que el tuyo", porque muchos de estas personas, se transforman en especialistas de una manera de hacer, de una escuela, de un shihan o "shihanes" afines concretos, y desafortunadamente, defienden lo que tienen como una verdad absoluta.

Los hay que siguen esta manera de hacer ( o se ven atrapados en ella )  porque nuevamente ( este estado ) les reporta una seguridad basada en la experiencia de los años, y en el sentimiento de pertenencia a un grupo en el que uno lleva invertido mucho tiempo. En este caso, incluso a niveles muy grandes, tipo asociaciones y/o federaciones afines.

Nuevamente, afortunadamente para todo practicante, también hay fuentes diversas de las que nutrirse. El cuestionarse contínuamente lo que uno hace como lo hace, es para mi un buen recurso para tratar de mantener dominado el ego. No dar nada por sentado y ser consciente de que el trabajo que uno está desarrollando, es precisamente un "desarrollo contínuo" quiere decir, precisamente, que está sujeto a cambio, y que además, en ese cambio, entran por igual, conceptos erróneamente asimilados, y la idea errónea de creer que ya se domina algo.
Y pese a que las personas estemos por igual, físicamente sujetas a unas reglas, la manera de gestionar la energía de tori y uke es radicalmente diferente porque es totalmente libre a las sensaciones y a la experimentación.
A esta fase la denomino " en el laboratorio" ó "explorando" o mejor aún "explorando en el laboratorio".

Ahora, no se trata de que uno necesite la práctica. La práctica, puede ser algo a lo que uno se ha acostumbrado, como físicamente , por ejemplo, uno se adapta al hecho de salir a correr y el cuerpo "le pide a uno correr".
Uno también puede adaptarse a la necesidad de hacer AIKIDO, como una válvula de escape de la que huír del trabajo, o la desagradable circunstancia necesitada de sublimar que cada uno tenga.

Pero no es el caso. No ahora.

Ahora, el cuerpo y la mente te pide porqués. Te pide llevar tus conocimientos más allá de ukes domados, toris endiosados. Te pide en cada contacto, en cada instante, una transvaloración de lo que sabes, lo que crees que sabes y de lo que sientes. En primera persona. Y experimentas. Solo o acompañado, en casa o en el bosque, con armas o sin ellas. Necesitas saber quién eres, dónde estás. Los textos en un principio esotéricos o metafísicos del AIKIDO, donde se habla del poder AIKI, la respiración, el universo, la unión, los kami...toman sentido.
Los maestros consagrados alcanzan nuevas dimensiones.Algunos se redescubren, otros se muestran cercanos y otros son agradables descubrimientos, muchos de ellos te dan respuestas. Otros te formulan nuevas preguntas,  las mismas que una persona que acaba de apuntarse a hacer Aikido y está en su fase de "HAGO AIKIDO" puede aportarte.
En esta fase, nuestros compañeros veteranos pueden resultar magníficos niveladores de nuestra propia evolución.
Es una época en la que uno necesita cambio porque no quiere dar nada por sentado.
Los riegos de esta "edad", evidentemente es que enmascarado por un "cierto olor a desodorante" estemos ocultando carencias que nos recuerden que no estamos  logrando lo máximo de nosotros mismos, y que estamos acercándonos nuevamente a una zona "donde ya nos va bien" o "donde creemos que ya nos va bien".
 Quizás uno ya haya creado una escuela en este momento, tenga cientos, miles  de alumnos y/o seguidores y se dedique a difundir el mensaje del Aikido al mundo.

Los que prosperan en esta fase en mi opinión son aquellos "investigadores" que comparten con otros "investigadores", y que lo que hacen, al margen de por sí mismos, lo hacen por sus propios seguidores, ( pero con desapego, exento del yo que se mira al espejo ) por la sencilla razón de haber descubierto antes el Arte, y deberse precisamente a los demás y al mismo AIKIDO.

Ciertamente, cada una de las edades, tiene sus fantasmas. Por eso no siempre es fácil verlos, como no es fácil reconocer que uno pueda estar equivocado, o bien lo haya estado durante varios años.

La llave, como de costumbre, siempre en nuestras manos, y no siempre somos capaces de saber qué hacer con ella.

Ocurre, de un modo natural, que con la práctica incesante de los años, tras el trabajo de evolución, investigación, entrenar con unos y con otros, dejarse llevar sin entrar en búsquedas y a la vez, centrarse en la búsqueda, modificar, definir e ignorar la búsqueda ( son ciertas contradicciones que se dan, ciertamente, si ), ocurre, que tras haber recorrido camino, uno se da cuenta de que no puede dar con una definición del AIKIDO como lo haría un principiante. No puede dar una visión objetiva del arte, limitándose a decir que se trata de "un conglomerado de técnicas" ( que rezaba este mismo artículo al inicio del mismo ), si no que a medida que uno ha recorrido más camino, más difícil le resulta expresar porqué practica, qué le reporta la práctica, y dónde está la línea en la que deja de pensar en AIKIDO.

Es entonces, como decía, que las definiciones se hacen difícil, y las máximas de O´Sensei empiezan a cobrar significado, cuando nos habla de que aiki es amor, de que el aikido es el mismo universo, etc.

A esta fase yo la llamaría sentir el cambio.

( continuará )